El proyecto de periódico escolar ha seguido adelante, siendo los principales cambios la aparición de nuestra primera edición en papel y la incorporación de un cuerpo de redactores más amplio.
He aprendido mucho coordinando a un grupo de personas cada vez mayor, pero ha empezado a ser necesario delegar responsabilidades en otras personas. Cargar con el grueso del trabajo, como al principio, es inviable y para poder completar el trabajo sin grades retrasos está siendo necesario formar a nuevos redactores y editores. Así, estoy aprendiendo a compaginar liderazgo con verdadero trabajo en equipo.
El objetivo ahora es integrar a
toda la comunidad educativa en el proyecto (hasta ahora el grueso de los
colaboradores son estudiantes de Bachillerato Internacional) y permitir que
todo el instituto conozca el periódico, que debe erigirse como elemento
transmisor de la voz del alumnado.
Y en efecto, creo que esa es la
principal razón por la que debe existir un periódico como este. Es bien sabido
que el papel de los representantes del alumnado, a través de una representación
marginal en el consejo escolar (a pesar de que constituimos una mayoría
absoluta en la comunidad educativa), es insuficiente para influir de forma
efectiva en las decisiones que nos conciernen. Por ello, creo que debemos
recurrir a la más imparable de las formas de subversión con las que contamos, y
que no es otra que la palabra. El verbo es la expresión más sofisticada de la
comunicación humana, siendo por lo tanto el tejido más esencial de toda sociedad.
Si se quiere cambiar un entorno social (o una comunidad, que no es si su
versión localizada), acudir al lenguaje es por lo tanto ejercer un ataque
directo sobre su propia estructura. Una sociedad que cambia su forma de
expresarse y comunicarse es una sociedad que cambia en sí misma.
Ante la ausencia de medios
efectivos de implicación política, propongo pues la implicación verbal a través
de la actividad periodística generalizada de todos los estudiantes. Ese es mi
objetivo, el cambio a través de la expresión, porque si podemos cambiar el
mundo con palabras, entonces todo cuanto nos aleja de la utopía es la capacidad
de decir en voz alta lo que verdaderamente queremos.
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